*La honestidad se convierte en algo natural al principio tal vez debamos practicar la honestidad intencionadamente.*

Si seguimos practicándola, vemos que la deshonestidad nos resulta cada vez más incómoda, angustiosa incluso, y poco a poco notamos que la honestidad se ha convertido en algo más natural en nosotros.

_-Vivir limpios, Capítulo uno, «Las claves de la libertad”_

Durante la adicción activa la deshonestidad era inherente a la forma en que la mayoría funcionábamos en el mundo. Hacíamos lo que hiciera falta para estar drogados; robar, manipular y engañar eran algunas de nuestras estrategias para lograr nuestro objetivo. Éramos camaleones, más proclives a imaginar quiénes querían los demás que fuésemos que a ser nosotros mismos. Nuestra percepción sesgada nos decía que el riesgo de ser auténticos superaba los beneficios.

Cuesta erradicar los hábitos de toda una vida. Al principio de la recuperación, a menudo nos sorprendemos embelleciendo nuestras carreras de consumo o encubriendo nuestras fechorías. Somos rápidos para justificar nuestro comportamiento, culpar a los demás y minimizar nuestros sentimientos. Algunos seguimos robando, engañando para salir adelante o presentando una fecha de tiempo limpio que no es del todo… cierta. Pero cada vez que vamos a una reunión oímos que la honestidad es fundamental para la recuperación. Sabemos que si no empezamos a decir la verdad y a actuar con integridad nos estamos allanando el camino para una recaída. Aprendemos esa lección gracias a las historias de otras personas.

Así que practicamos la honestidad en todos los aspectos de nuestra vida. Nos identificamos con otros miembros, y viceversa, cosa que nos anima a ser más abiertos. Nuestro padrino nos ayuda a ver que ser honestos es en realidad la solución a nuestros problemas. Adaptamos nuestra historia para que se ajuste a la verdad. Poco a poco cambia nuestro comportamiento, al igual que nuestro nivel de comodidad con la verdad. La sensación de peligro que percibíamos con respecto a ser de veras nosotros mismos se sustituye por el regalo de participar en la realidad y recibir el apoyo de nuestros compañeros.

Como cualquier defecto, el impulso de mentir vuelve. Aunque ya no sea tan habitual como antes, es posible que la deshonestidad sea esa vieja herramienta oxidada a la que recurrimos en un apuro. Hoy en día, cuando se nos escapa una mentira, nos duele. La negación y la justificación nos lastiman. Conocernos bien, y conocer nuestros defectos, nos permite dejar pasar un poco de tiempo entre el impulso y la acción. Podemos analizar la impulsividad, perdonarnos y pedir humildemente ayuda para evitar dejarnos llevar por esta.

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_*Cuando sienta en la boca del estómago esa incomodidad tan conocida por ser deshonesto, reflexionaré sobre ello. Cambiaré el rumbo y pasaré a la acción porque sé que la realidad y la verdad hoy no suponen ningún riesgo real para mí.*_

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