Mientras aprendemos a estar presentes sin ira, resentimiento o miedo, desarrollamos una madurez emocional que no esperábamos.
-Vivir limpios, Capítulo cinco, “La familia”
Se suele decir de los adictos algo que tiene sentido para muchos de nosotros: “nuestra madurez emocional se detuvo a la edad que teníamos cuando empezamos a consumir», Aunque se trata de una idea que de ninguna manera se puede demostrar, quizás resulte útil al examinar nuestro comportamiento. Casi todos podemos identificar algunas reacciones bastante inmaduras ante la vida, tanto en nuestra época de consumo como en los primeros tiempos en recuperación: atacar, tomarse todo como algo personal y preocuparse por lo que los demás piensan de nosotros. Nuestro cerebro prehistórico, incluso para los que llevamos tiempo en recuperación, aún tiene sus momentos de devoro yo o me devoran. A veces reaccionamos de una manera bastante infantil frente a determinadas situaciones, sobre todo en las relaciones familiares, por mucho tiempo que llevemos limpios.
La ciencia tiene mucho que decir sobre cómo se ha visto afectado nuestro cerebro y, por lo tanto, nuestra conducta por culpa de las relaciones familiares, el abandono y la falta de cuidados, las experiencias traumáticas y el consumo de drogas. Aunque Narcóticos Anónimos no se pronuncia sobre conclusiones científicas, muchos miembros buscan ayuda en profesionales que sí lo hacen. ¿Es beneficiosa la ayuda externa para algunos de nosotros? Por supuesto. ¿Es suficiente para recuperarse de la adicción? Según nuestra experiencia, no. Aunque no tenemos opinión sobre otros caminos al bienestar, sí nos sumamos a la solución espiritual que nos ofrece NA: trabajar los Doce Pasos.
Mediante la práctica de los pasos, identificamos nuestro papel en conflictos pasados vinculados con las relaciones y logramos entender mejor nuestra inclinación al egocentrismo. Examinamos lo que hoy en día sigue irritándonos y hace que nos comportemos mal en nuestra relación actual con otros adictos en recuperación, con familiares y personas ajenas a NA. Sin lugar a dudas, tenemos muchas oportunidades para enmendar nuestro comportamiento. Quizá lo más determinante es que aprendemos a centrarnos en ser útiles a los demás como estrategia para parar en seco nuestra autoobsesión adolescente.
Al margen de la edad que tuviéramos cuando consumimos por primera vez, todos somos un trabajo en curso. Si nos quedamos, podemos crecer. Si nos quedamos, podemos madurar.
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De ninguna manera soy un producto terminado, pero hoy intentaré contrarrestar con amplitud de miras, aceptación y valentía mi tendencia a reaccionar en las relaciones.
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